06 junio 2017

A grandes males








Fin.

¿O no?

Acabo de terminar A grandes males, el tercer y último libro de la segunda trilogía de César Pérez Gellida Refranes, canciones y rastros de sangre, y, viendo con pesar que todas las tramas han quedado cerradas y los nudos muy bien atados, no puedo evitar preguntarme… ¿será este el fin? ¿No volveremos a leer sobre Sancho, Erika, Karatu y demás? Porque eso mismo creí cuando acabé la anterior trilogía, Versos, canciones y trocitos de carne y al poco Gellida nos regaló con la estupenda Sarna con gusto… Así que sí, yo confío en que tendremos algo del vallisoletano pronto. 

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01 junio 2017

A menos de cinco centímetros





La cita de la contraportada. La cita tuvo la culpa. Cuando uno no deja de darle vueltas a la cabeza en su buhardilla a altas horas de la noche, con la botella de whisky al lado de un vaso en el que el hielo hace tiempo que ha perdido su dureza resbaladiza y sólida y ha acabado por diluirse con el líquido de la malta; cuando revisa viejas fotos de viejas guerras entre trago y trago y rememora aquel suceso; cuando se convence de que su mujer no volverá a aparecer en su vida pero ha terminado por aceptarlo; cuando aparta la vista de esas fotos y mira la espalda desnuda de la dueña del coño de treinta años que un sesentón como yo acaba de follarse… Ahí. Ese es el momento en el que uno se da cuenta de que su vida se está yendo a la mierda.

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25 mayo 2017

Antitauromaquia


“En esencia el arte de matar consiste en convertir en veinte minutos a uno de los animales más bellos de la creación en un picadillo tártaro ante un público alborozado.”

Este libro es, como se puede deducir por el título, un alegato antitaurino en toda regla. Pero  no solo antitaurino; se extiende más allá: es una denuncia de esa extraña costumbre española con la que muchos españoles se divierten, oséase: maltratando, torturando, matando, o las tres combinadas, a cualquier pobre animal para festejar cualquier puto evento en honor a tal o cual santo o virgen de cualquier remoto pueblo a lo largo de toda la geografía española. Y, pueblos, hay muchos… Una denuncia que, a estas alturas de la civilización, no debería hacer falta, pero como este sigue siendo un país anacrónico de ranciedad, postureo, caciquismo, adoradores de tallas e imágenes, telebasura, señoritos y flamencos anclados en una tradición arcaica y sangrienta se hace más que necesario.

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11 mayo 2017

Vamos, vamos...


Los peligros de fumar en la cama



Ya me tocaba leer otro libro de relatos de terror. De esos relatos a los que me acerco con precaución, no porque tenga miedo de lo que me vayan a contar, sino por hacerme ilusiones de pasar miedo y que al final se quede en eso, en mera ilusión. Eso siempre es lo peor. El “autohype” (palabra que no sé si existe pero me la quedo igualmente) es aún peor que el hype porque no puedes echar la culpa a nadie más que a ti, a ti y a ti.

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10 mayo 2017

Los ritos del agua



Cuando acabé de leer El silencio de la ciudad blanca no tenía ni idea de que me encontraba ante el primer tomo de una trilogía. No lo indicaba en la portada ni se hacía mención de ello en ninguna otra parte, y tampoco el final del libro era de esos finales abiertos que te hacen desear con todas tus fuerzas una continuación para saber cómo demonios iban a vivir sus vidas los personajes sin contártelo a ti. Lo leí, me gustó mucho y pensé que ahí acababa todo. Así que cuando hace poco, mientras consultaba Twitter en el baño, veo en 140 caracteres a un fulano afortunado sujetando en la mano un ejemplar de Los ritos del agua y reconozco el nombre de la autora y encima de esta el subtítulo “TRILOGÍA DE LA CIUDAD BLANCA 2” anunciando la salida en librerías el día siguiente, hice lo único que pude hacer: quedarme con el culo torcido (twisted ass).

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07 mayo 2017

Año 1000: La sangre







Nunca he empezado hablando de un libro describiendo su exterior, pero siempre hay una primera vez y, a pesar de ese dicho de “nunca juzgues un libro por su portada”, este cómic bien lo merece. Y es que me llevé una grata sorpresa cuando lo recibí. Además de una portada chulísima, tiene el lomo y una pequeña parte del frontal y de la trasera de piel (o imitación, no lo sé) y también la típica cinta de tela cosida al libro para servir de punto de lectura. Un lujazo de edición, que se confirma con la calidad del papel y la pulcritud de un dibujo elegante y teñido de un cromatismo austero (blanco, negro y un ocre dorado) que nos ayuda a situarnos temporalmente para recordarnos lo antigua que es esta leyenda.

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