Los apocalipsis tienden a molar. Eso ya lo sabían los
antiguos, en concreto un tal San Juan que supo ver el potencial de meter en el
éxito de ventas coescrito a varias manos cuatro jinetes, siete sellos, siete
trompetas, mares rojos, putas babilónicas, bestias, anticristos, muerte y
destrucción y muchos numeritos (666, 616) para jugar a descifrar significados
ocultos para que cuando llegara Dan Brown hiciera una secuela. Todo un
visionario. Decía que los apocalipsis
tienden a molar siempre y cuando no te toque vivirlos, ¿verdad, 2020? (aunque
no estaría mal vivir uno de esos en los que hay poquísima gente y puedes hacer
lo que te salga de las pelotas y tener toda la ciudad para ti, sin filas, sin
riesgo de perder la vida, sin malas formas,… en definitiva, sin incordios de
esas cosas que tienen forma de persona. Apocalipsis social. Voto por ese).
Reseña completa en LyL.