26 junio 2013

Con el agua al cuello, de Petros Márkaris



Segundo libro que leo del griego Márkaris, (el primero, Suicidio perfecto, también fue reseñado en Libros y Literatura) y segunda vez que me quedo pegado a sus hojas.
Tiene este griego, entre otras,  la virtud de saber enmarcar sus novelas negras en un escenario de plena actualidad, sacudiendo a todos sus personajes en el convulso y presente clima de crisis y recortes en una Grecia siempre calurosa y extrañamente hermanada con España (curiosos y graciosos son algunos fragmentos del libro, como aquellos en los que en la final del Mundial de fútbol entre La Roja y Holanda, los griegos van con nosotros; que el protagonista, el comisario Kostas Jaritos, a la hora de comprar un coche nuevo se decante por un Seat porque, según su yerno, es español y “entre nosotros tenemos que ayudarnos”…) No en vano,  Con el agua al cuello, es el primero de su Trilogía de la Crisis.

La trama es de esas en las que, tras leer la sinopsis de la contraportada, no puedes evitar soltar unas lágrimas y exclamar: “¡Joder! ¡Qué bonito, qué bonito!”
Directores de banco decapitados, una campaña anónima que insta a los ciudadanos a dejar de pagar las hipotecas, las tarjetas y otras deudas… Si es que me emociono recordándolo…
Dentro del cuerpo policial, cuyos miembros también sufren los recortes de la crisis, hay división de opiniones: algunos afirman que se trata de un grupo terrorista, pero nuestro hombre, Jaritos, cree que se trata de un asesino en serie.

La reseña completa en Libros y literatura.

14 junio 2013

Hellblazer 9 de Milligan. La maldición de los Constantine




Tenía muchas ganas de hablar de Hellblazer. Uno de los cómics más longevos del sello Vértigo, sello que, para los que no lo sepan, es una división de DC dirigida a un público adulto por género, contenido y forma de contar las historias (sexo, crimen, terror… you know…).
Hasta hace poco era el único que permanecía en Vértigo, pero según tengo entendido, al llegar al número 300  (seguramente el tomo 10, el siguiente al que nos ocupa en esta reseña) Hellblazer abandonará también el sello para pasarse a la corriente mainstream de DC. Entonces Hellblazer pasará a llamarse Constantine y  no sabemos si su personalidad e historias serán edulcoradas o mantendrán su tono característico. Sería una putada que, por intentar vender más cómics, se traicionara la esencia del personaje más cínico, carismático y fumador del noveno arte.

Hellblazer ha pasado por muchas manos desde su creación y no todas buenas (no pude con los primeros números de la mano de Delano). Siempre he oído/leído, sobre esta colección, que lo mejor es que se lean aquellos números de los autores que te gustan. Y no va del todo mal el consejo, pero si no te arriesgas con autores que no conoces, puedes perderte también buenas obras.

¿A qué parece que soy todo un experto en Hellblazer? Pues nada más lejos. Comencé a leerlo a finales del año pasado, y me enganché. Las sagas de Ennis, Carey, Diggle y ahora la de Milligan, son de lo puto mejor que he leído en cómic, y me queda mucho que descubrir aún.

Y todo este preámbulo para no haber dicho aún nada de la historia… ¿Quién es Constantine? Desde luego, NO es Keanu Reeves, (su físico está inspirado en Sting). Constantine es un mago, o un exorcista, o un hechicero, o un detective de lo oculto, llámalo como quieras. Ha visitado varias veces, literal y metafóricamente, el infierno y ha luchado por su alma o la de otros.
Viste siempre una gabardina, camisa y corbata y difícilmente se le verá sin un cigarro. No pierde el humor ni la ironía, ni aún cuando su vida pende de un hilo y aquellos a los que quiere suelen acabar mal. Muertos. O peor: en el infierno. Todo eso le hace cargar con un peso a sus espaldas del que difícilmente puede librarse. Además, tiene fama de estafador por salir bien parado con sus trucos  y artimañas en los encuentros que tiene con elementos sobrenaturales.
Este es nuestro hombre. Este es John Constantine.

La reseña completa en LyL.

11 mayo 2013

Supreme, de Alan Moore (volúmenes 1 y 2)




Para muchos Alan Moore es Dios. ¿Qué digo Dios? Un panteón entero de dioses. Afortunadamente para mí, soy ateo y eso me permite afrontar Supreme con objetividad pagana. No negaré que me gustó Watchmen, que gocé con V de Vendetta, que me encantó From Hell y que me divertí con los dos tomos de La liga de los hombres extraordinarios (por favor, si solo habéis visto la horrible adaptación al cine hacedme caso y dadle una oportunidad al cómic. No os arrepentiréis). Mención aparte para la grandísima historia corta Batman: La broma asesina. Estas cinco obras que acabo de nombrar son referencias obligadas que cualquier lector, ya sea de literatura o de cómic, debe leer sí o sí.
Pero Moore también tiene obras que no me han gustado un pelo, como Promethea, Superman : Qué le pasó al hombre del mañana? y La Cosa del Pantano, ( a pesar de que de cuyas páginas emergió el glorioso John Constantine).

Como intro para situar a Moore entre los neófitos está bien.

Para hablar de Supreme hay que hablar de Superman. No he leído mucho del boy scout, soy más de Batman, pero entre lo poco que he leído, las cosas de las que te enteras por azar y comentarios en foros, podcast y otros recovecos del inabarcable mundo del friquerío, conozco algo del universo del kryptoniano, y puedo afirmar que Supreme es una copia descarada, y nada disimulada, de Superman. Todavía no tengo claro si es una parodia o un homenaje, hay momentos que hacen decantar la balanza hacia un lado y momentos que lo hacen hacia el otro.
Sin embargo Supreme no es invención de Moore, sino de un Rob Liefeld recién salido de Marvel, famoso por unos superhéroes hipermusculados hasta tal nivel de exageración que llegan a provocar risa. (Es memorable un dibujo en donde el Capitán América aparece tan cachas que parece tener tetas. Buscad en Google imágenes, buscad, buscad).  Y es que Liefeld primaba el grafismo sobre la historieta. Cuarenta números aguantó Liefeld con un héroe hiperviolento hasta que propuso a Moore que se hiciera cargo del personaje, cosa que este estaba deseando hacer. Y tanto que lo deseaba: Moore moldeó al Superman que le hubiera gustado leer de niño. Borró de un plumazo, como si nunca hubieran existido, los cuarenta números anteriores de Liefeld gracias a una oportuna amnesia del personaje, y a partir de ahí comenzó a construir a su hombre de acero particular.

La reseña completa en LyL

04 mayo 2013

El futuro está aquí

El hombre es maravilloso, y cuando creíamos que la ciencia dejaría de brindarnos más glorias Caleb Kraft se encarga de acercarnos las herramientas de los dioses.
Este hombre ha creado un Mjolnir alimentado con 80.000 voltios.
Verdaderamente, ahora sí que habrá un parón científico-tecnológico. Se ha alcanzado un techo que será difícil de superar en mucho, mucho tiempo.
En el video vemos lo orgulloso que el señór Kraft está de su logro. No es para menos. Su próxima meta, dominar los elementos atmosféricos.



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