24 junio 2015

Los diarios secretos de Guillaume Bianco-1: las tetas




Ay, las tetas, las tetas… Desde que nacemos quedamos obsesionados con ellas durante todas las etapas de nuestra vida, ya seamos niños, niñas, hombres o mujeres y sino, ya se encarga la sociedad de metérnoslas constantemente por todas partes (televisión, publicidad, revistas, catálogos de lencería…) ¿Hay algo mejor? Rotundamente, no. Hay quien prefiere los culos. A esos les digo como a John Nieve: “no sabéis nada”.

También hay quién dice, sobre todo mujeres: “¡Por Dios, son solo tetas. No hay que obsesionarse con ellas!” Qué fácil es decirlo, como vosotras tenéis…
Claro que hay quien tiene una fijación mayor que la media, como es el caso de Guillaume Bianco.

En este diario, que será el primero de una serie, Bianco se planta ante la hoja en blanco de un diario recién comprado y en el que pretende contar “cosas interesantes y pertinentes sobre el día a día, sobre la vida, reflexiones, observaciones que conformen testimonio de su época…” pero mientras piensa todo esto su mano ha dibujado inconscientemente un par de melones. ¿Por qué? Eso es lo que intentará entender durante todo el diario y así, con esta excusa, hablará sin discriminación mamaria de todos los tipos de senos que pueden existir: redondos, pera, huevos al plato, grandes domingas, tetas misil, mega pezón, tetina… y de las anécdotas que a lo largo de su vida ha tenido en relación con las tetas.

Los diarios secretos de Guillaume Bianco 1: las tetas está escrito de manera clara y sencilla, se puede leer (desgraciadamente) de una tacada en media tarde, el dibujo es similar al del de los cuadernos de bocetos, sencillo también pero muy ilustrativo.
El estilo es directo y sin tapujos, rompiendo la cuarta pared en varias ocasiones y con el fin último de desentrañar los recovecos del cerebro humano. En cierto modo es un tebeo didáctico.
Ha de quedar claro que de ninguna manera este es un cómic pornográfico o que busque excitar al lector. Es un mero divertimento cariñoso que trata de justificar el porqué a la mayoría de los hombres nos gustan tanto tantísimo las tetas.

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02 junio 2015

Wonder Woman. Sangre




Todo el mundo sabe (no, es mentira, todo el mundo no lo sabe) que los tres pilares básicos, la santa trinidad de DC son Batman, Superman y Wonder Woman. De hecho, incluso tienen un tochazo en tres volúmenes con ese nombre, Trinidad.
Creo que no me equivoco si digo que los más conocidos son Batman y el boy scout (nunca acabará de gustarme Superman aunque reconozco que algún cómic no está mal) y que en nuestro país Wonder Woman ha tenido menos importancia (esa es al menos mi impresión). Tal vez tenga menos tirón o el hecho de que, hasta ahora, no haya tenido traslación a la gran pantalla hayan influido en ello, no lo sé, no soy analista…

El caso es que a mí nunca me había llamado la atención este personaje y hasta la fecha solo había leído Hiketeia, y solo porque fui atraído por la poderosa portada en la que se ve una bota (la de WW) pisando la cabeza de Batman. La historia fue buena y me dejó no solo un buen sabor sino también un pósit mental para el momento en el que saliera un reboot u otro contar los orígenes de la amazona.

Pues bien, el momento ha llegado. Arrastro el pósit mental al icono de la papelera y me adentro en Wonder Woman: Sangre.

Es una suerte que me encante la mitología ya que debido a los orígenes mitológicos de Wonder Woman  (también conocida como Diana Prince o, la princesa de Themyscira, o la princesa de las amazonas…) la trama que nos ocupa abunda en personajes de los mitos griegos.
¿Y qué tenemos en este cómic? Pues, en el fondo, una tragedia griega. Zeus se ha largado del Olimpo y su mujer (y hermana, estos griegos…) quiere el trono. Además, Zeus siempre ha sido un pichabrava, y en consecuencia Hera siempre está de malhumor debido a una larga lista de infidelidades de su marido… Además, vengativa es poco para definir el carácter de Hera (no olvidemos que intentó matar a Hércules cuando era un bebé, enviando dos serpientes para matarlo…) 


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08 mayo 2015

Los guardianes del Louvre


Recuerdo que una vez, de pequeño, en una de las frecuentes veces en las que caía enfermo, llegué a tener tanta fiebre que me levanté de la cama porque empecé a delirar y a ver algo… No me invento nada. Estuve un buen rato dando vueltas alrededor de la cama porque me seguía una cosa verde pero transparente. Era como el fantasma glotón de  Cazafantasmas (y la película llegaría unos años después. Sí, sé lo que estáis pensando: soy un visionario…), pero sin cara ni brazos y solo hacía eso, seguirme. No volví a ver esa cosa nunca más, pero para mí –y por lo visto, sólo para mí– fue una visión clara, tan clara que todavía me acuerdo.

Pues bien, en el cómic que hoy nos ocupa un dibujante japonés –el propio autor–  tras un viaje colectivo con otros dibujantes, decide quedarse en París para visitar los museos antes de volver a Japón. Sin embargo, en la habitación del hotel, solo y en tierra extranjera le acomete la fiebre y a esta se le unen unas pesadillas. Al día siguiente, algo recuperado, decide dar un paseo y llega hasta el Louvre.

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06 mayo 2015

La joven durmiente y el huso, de Neil Gaiman




Desde que leí The Sandman (mi desvirgamiento en el mundo del cómic adulto, junto con Predicador, esto ya lo he comentado alguna vez…) no he dejado de seguir la pista de Gaiman. Eso no quiere decir que haya leído todo lo que ha parido, no, –el cómic Batman: ¿Qué le sucedió al cruzado enmascarado?; el libro (excelente y también reseñado aquí ) American Gods y Buenos Presagios, escrito a pachas con Terry Pratchet, reseñado aquí, son una pequeña muestra de esa pista que voy siguiendo de lejos– pero mi secretaria me mantiene al tanto de sus obras. Es lo menos que puedo hacer por el creador de ese gran universo en el que transcurren las aventuras de Morfeo y que tan honda huella me dejó.

Y es que el problema de que lo primero que caiga en tus manos cuando te dispones a descubrir a un autor sea una obra maestra que te fascine tanto como la del rey de los sueños, es que esperas que lo siguiente que leas de ese autor sea, al menos, del mismo nivel y tienes miedo de decepcionarte. Por eso voy pian piano. (Y eso que American Gods, Batman… y Buenos Presagios me gustaron).


Pero he aquí, que tenemos un… ¿remake, un dos en uno remozado? un cuento cortito, apenas setenta páginas, primorosamente elaborado y firmado por Gaiman y todas las reticencias y alertas de peligro se vienen abajo y me tiro de cabeza. Así, como un valiente.

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07 abril 2015

El príncipe Lestat

Bueno, bueno, bueno… ¡Qué alegría! ¿Cuánto hace? ¿Quince? ¿Veinte años? Dejémoslo en veinte. Veinte años, desde que cayó en mis manos el primer libro de Anne Rice, y primera parte de sus Crónicas Vampíricas, Entrevista con el vampiro. Un libro fantástico, genial y con vampiros de verdad, de los de antes de que se pusieran de moda (auque nunca dejen de estarlo) y degeneraran en telenovelas para adolescentes. Un libro que dio lugar a una película (ya nunca he podido dejar de ligar a Lestat con Cruise, a Louis con Pitt ni a Armand con Banderas) también memorable y fantásticamente rodada por Neil Jordan (quien hace un par de años volvió a los chupasangres con Byzantium, no tan redonda como Entrevista…, pero digna también dentro del género).
Si bueno fue el primer libro, los dos siguientes, Lestat, el vampiro y La reina de los condenados lo fueron también e incluso lo superaron.  De la secuela de la película mejor no hablar…

Para mí esa es la trilogía dorada de Anne Rice. Hubo más libros (El ladrón de cuerpos y Memnoch el diablo no estaban del todo mal pero ya no eran tan perfectamente redondos como los tres anteriores, tiraban más a la fantasía y se alejaban de lo “mundano”).
La Rice se dedicó también a otros géneros: disfruté muchísimo –y los recomiendo encarecidamente–  con La momia, El sirviente de los huesos, Taltos, y Las brujas de Mayfair.
Y pasó el tiempo. Ya no recuerdo si leí Vittorio, El vampiro Armand, Pandora,… pero creo que no. Empezarlos sí los empecé pero creo que no pude acabarlos y me desencanté un poco… Tal vez no eran interesantes o tal vez no estaba en ese momento en el que lector y lectura se compenetran, quién sabe, pero así fue.

Después Anne Rice empezó con los hombres lobos y más tarde se hizo religiosa/creyente/cristiana/veteasaber. No se metió a monja, simplemente en 2005 anunció que sólo escribiría sobre Jesús, y parió la trilogía del Mesías. Tan convencida estaba sobre el hecho de no volver a escribir sobre vampiros que llegó a declarar:

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06 abril 2015

Hombres buenos


Ya he dicho en alguna ocasión que Pérez-Reverte es santo de mi devoción. A pesar de algunos encontronazos (no pude llegar a la mitad de El Tango de la Guardia Vieja, y eso que le di dos oportunidades y que lo tenía dedicado) siempre espero con ilusión un nuevo libro del académico, pues son muchos los momentos de placer literario que me ha brindado.

Y eso es lo que he tenido en Hombres buenos. Deleite mientras leía, o más bien devoraba, las 592 páginas de las que se compone este nuevo libro de aventuras. Y sí, digo bien, de aventuras, porque a pesar de que los protagonistas sean dos miembros de la Real Academia Española, don Hermógenes Molina y don Pedro Zárate (a quién por cierto, no podía poner otra cara que no fuera la de Alonso Entrerríos, de la serie El Ministerio del Tiempo), con la misión de traerse a nuestro país un ejemplar de la prohibida (tanto en Francia como en España) Enciclopedia de D’Alembert y Diderot, el viaje de Madrid a París en aquellos tiempos de carruajes, caminos no asfaltados, bandoleros y posadas, era ya de por sí toda una odisea que podía durar semanas o meses. Si a esto añadimos una conspiración para que la misión de los dos protagonistas fracase la aventura es completa.

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