09 mayo 2016

Sarna con gusto



El año pasado tuve la enorme suerte de descubrir, con tardanza, es verdad, a un autor al que ya no voy a poder dejar de seguir y admirar, al menos en el terreno de la novela negra.
Su trilogía Versos, canciones y trocitos de carne, (tres tochazos, por cierto, como tres bibliacas) los fui ventilando uno tras otro sin descanso. Memento mori, el primero, la sorpresa, bautismo y comunión. Dies irae, la confirmación y Consummatum est, la comunión y matrimonio del lector (en particular de este que escribe) con el autor.
Esa fue la progresión sacramental, o vía crucis, de la religión que Gellida instauró con los amantes del género. Desde entonces miles de fieles son (somos)  los que esperaban una segunda venida…


Y no sé qué motivo, al enterarme por twitter hace meses de la salida de Sarna con gusto, me llevó a pensar que iba a ser un libro distinto. Más finito y que contaría algún caso de Ramiro Sancho anterior a aquel por el que se dio a conocer. Una lectura independiente. Ojo, que me hubiera dado igual que así hubiera sido, que reencontrarte con Ramiro Sancho y sus refranes cínicos y agridulces ya es suficiente motivo de alegría, pero habría sido como hacer un kit kat en un momento en el que lo que apetecía era más caña,  más madera.

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05 mayo 2016

Valeria, reseñada en Libros y Literatura


No pasé de Bram Stoker. Y eso que me gustó mucho. De hecho, creo que Drácula es uno de los máximos exponentes del romanticismo del siglo diecinueve. Como buena novela decimonónica tiene todos los rasgos naturalistas y pre-industriales de la época, pero en medio de una compleja trama de vampiros que a mí, personalmente, me entretiene mucho más que las obras de Goethe o la mismísima Shelley.
Pero, como decía, no pasé de ahí. Mi afición vampírica se quedó en el siglo diecinueve. ¿Por qué? Pues digamos que la oferta que vino después de aquello… no me sedujo. Salvo alguna excepción en la gran pantalla, del tipo de Underworld, las historias de Van Helsing y compañía no me atrajeron demasiado. Después hubo un pequeño intento de la industria con vampiros que iban al instituto, con peinado rastafari y que les brillaban las escamas al sol cual trucha recién salida del agua, que le dio al género su toque de humor, pero que tampoco llegó a ser cosa seria. Cosa seria era Drácula. El conde de los Cárpatos fue el origen de todo y, en ese sentido, me interesa más el aspecto histórico y evolutivo de la especie. Quizá sea por esto por lo que me ha enganchado Valeria, de Diego Palacios Marxuach.

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04 mayo 2016

La dama de los muertos



A pesar de tener una pila de libros que nunca disminuye, uno siempre va en busca y captura de nuevos libros bien porque los de la pila ya están “seguros”, bien porque ese  no es “su” momento.


Y así, sin siquiera buscar una lectura en concreto, me dejo engatusar por una portada simple como lo es una rosa y más atraido aún por el título, La dama de los muertos. Semejante elección de palabras para titular un libro me lleva a pensar automáticamente en vampiros, en La Reina de los condenados o incluso en el personaje Muerte, creado por Gaiman para su Sandman. Pero nada más lejos. Semejante distinción no se refiere a ninguna criatura de la noche ni a la figura de la guadaña sino a Brunilda Blum, la dueña de una funeraria.

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01 mayo 2016

Estrómboli



Es curiosa la manera en la que uno acaba por encontrarse con determinados libros o, como diría Rajoy I el Iluminado, “dicho de otra forma”, la manera en la que algunos libros lo encuentran a uno.

Supe de Estrómboli justo después de devorar una tras otra las siete temporadas de Hijos de la Anarquía, una serie de moteros a la que muchos –yo no– valoran por encima de Breaking Bad.
El libro me llamó por ser un libro de cuentos y por estar precisamente uno de ellos protagonizado por una banda de motoristas que acosa a una pareja que viaja por Estados Unidos.  Razones más tontas he tenido para leer un libro, aunque también he de decir que si no hubiera visto la serie este libro hubiera caído igualmente.


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28 abril 2016

Desterro



¡Se caga la perra! ¡Vaya que si se caga! ¡Con 26 años y ya ha parido una obra, la segunda, digna de Jim Thompson! ¡Y la primera, –aún más joven, hay que destacarlo–  ya fue I Premio Valencia de Novela Negra y finalista de unos cuantos más!
¡Joder! Me muevo otra vez más entre la envidia y la admiración más profunda. En serio.

Y para rematar, editado por Alrevés, de la que en poco tiempo he leído este y el no menos genial Te quiero porque me das de comer. (Nota mental: Hay que tener en cuenta a esta editorial).


¿Pero qué es esto de Desterro, a qué tanta algarabía, qué es esta magna obra?


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16 marzo 2016

Mala letra






Tenía ganas de pillar por banda a Sara Mesa. Tantas alabanzas a Cuatro por cuatro y, sobre todo, a Cicatriz, elegido libro de 2015 en varios medios, acabaron por calar, así que había que ver de qué iba la cosa.
Una vez leído, puedo decir que, si los libros mencionados son la mitad de buenos que el conjunto de once relatos que conforman este Mala letra, habrá que lanzarse por ellos (yo ya tengo reservadito Cicatriz para una lectura próxima).

Hace tiempo comenté que me encantaría escribir como Manuel Rivas escribe sus cuentos. Con historias de la cotidianidad envueltas en un desarrollo normal, a veces trágico y otras no, pero reconociendo siempre en ellas la vida misma, con sus virtudes, alegrías y penas y con un magnetismo impregnado en sus palabras que te obliga a seguir leyendo.

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02 marzo 2016

Gotham Central 4: Corrigan



Bueno. Pues con este cuarto tomo se acabó lo que se daba. Adiós, Gotham Central, pero adiós por la puerta grande. Va a ser una despedida dura y va a ser muy difícil encontrar otra colección que integre tan bien a ciudadanos corrientes y molientes, en concreto policías, con el universo gothamita de Batman y sus villanos, o, al menos, una que tenga un tratamiento tan correcto y realista que pueda convencer a los lectores que poco amigos de los personajes con capa. Va a ser duro, repito, pero habrá que superarlo. Siempre lo hacemos,  ¿verdad?

También son duras, mucho, algunas de las historias que vemos en este Gotham Central 4: Corrigan, sobre todo la final. Dura, trágica y realista, un enfoque que me ha gustado mucho durante toda la serie.

En este tomo la corrupción está más presente que nunca. Se ve, se huele, se palpa y es un personaje más, casi tan importante como Montoya, Allen, Corrigan o Batman. Gotham sería, sin duda, el paraíso del PP si existiera.

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