15 febrero 2018

Padre Lucifer










A ver cómo hablo de este cómic porque no es fácil y hay que remontarse algo en el tiempo, al principio, cuando el principio era el Verbo. Bueno, no tan al principio, pero la frase venía a huevo siendo el cómic que vamos a reseñar el que es.


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14 febrero 2018

La vuelta al mundo en 80 cementerios




Me gustan los cementerios. Son lugares estupendos en los que perderse paseando. Me gusta caminar por entre las lápidas y hacer fotos a las tumbas antiguas, a las rotas  a las hundidas, o a las que se salen de la tendencia moderna y “normalizada”, de las lineales de ahora hechas en serie. Algunos domingos de otoño he ido a hacer fotos, (que luego subo a mi blog), y también he asistido a visitas guiadas del cementerio de Logroño en donde, caminando bajo la lluvia, se explicaban curiosidades de este, historia de los famosos de la ciudad enterrados en él, antiguas tradiciones… Y hace poco el programa Cuarto Milenio, el de Iker Jiménez, vino a grabar una de las tumbas más llamativas para el reportaje dedicado a un inventor conocido como “El ruso”. 

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13 febrero 2018

El porqué del color rojo





No mentiría si dijera que uno de los motivos que me hicieron querer leer este libro fue que transcurriera en mi tierra. Es más, fue un motivo de bastante peso aunque la balanza tras conocer la sinopsis ya se inclinaba totalmente hacia su lectura. Pero eso, la localización, fue el golpe de gracia que hizo que el libro pesara una tonelada.

Y no podría haber acertado más.

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04 febrero 2018

Batman Eterno Integral 1





De vez en cuando, cuando revistas, telediarios llenos de videos de youtube o autopromociones de series o realitis –cosas que cualquier informativo que se precie forzosamente DEBE incluir– se quedan con huecos que rellenar, echan mano de “noticias” comodín. Una de las que con más frecuencia se repite es la de las ciudades o países en los que es mejor vivir o en los que se es más feliz. Cada vez que sale alguna así me pregunto en que puesto queda Gotham. Si yo fuera gothamita, ni de coña me quedaba en esa ciudad en la que cada día, solo por salir a la calle, te la juegas. La ciudad en la que cualquiera puede ser víctima de algún payaso disfrazado, cobaya de algún doctor chiflado, destinatario de alguna bala perdida, envenenado con el agua corriente, asfixiado por el gas de la risa o moneda de cambio de algún secuestrador con ínfulas elevadas.

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30 enero 2018

Otra reseña de Microterrores. Esta vez, de Leire Kortabarria

Publicado el

Microterrores, de Diego Palacios Marxuach



Microterrores

Que Diego Palacios Marxuach es un buenísimo, imaginativo y audaz escritor de terror ya lo sabíamos; lo demostró con creces en su original novela vampírica Valeria, que nos hizo creer que lo más terrorífico puede existir en, con y a la vez que lo más cotidiano, lo más normal, lo menos gótico y exótico. Ahora, este autor viene a demostrar otra cosa: que, a lo ya antedicho, hay que sumarle encima la cualidad de la eficacia y la rapidez de pluma, la capacidad de defenderse con igual horrorífica destreza en las distancias cortas del microrrelato que en las largas de la novela.

En un relato corto no caben los trucos baratos, los golpes bajos, los intentos de enmarañamiento al respetable tirando de argumentos varios, de callejones sin salida y de profundizaciones en el dramatis
personae. El autor falto de inspiración, de entusiasmo o de inventiva no tiene, en los relatos cortos, tramoyas donde esconderse, prestidigitaciones para distraer la atención del lector y dirigirla hacia lo superfluo. Una novela mediocre puede llegar a parecer, por momentos, hasta buena, no digamos ya entretenida y satisfactoria, si se sabe sacar buen partido de los múltiples elementos narrativos de los que dispone el autor de hábil pluma. En los relatos sólo está el autor contándole un cuento al lector, en un espacio vacío y con un tiempo limitado. En los microrrelatos, se acorta el tiempo disponible, la desnudez es absoluta. Si el relato es un cuento narrado a la luz de una hoguera de campamento, el microrrelato es casi un duelo entre lector y autor. Si, además, el género del que participa el microrrelato propicia o incluso exige cierto grado de sorpresa en el desenlace,  nos encontraremos con un subgénero muy  tentador, en principio, ya que parece ofrecer resultados con poco esfuerzo; pero, en cambio, engañosamente sencillo, y, en realidad, tan exigente como una narración de cualquier extensión.

En Microterrores, Diego Palacios muestra su desenvoltura y sus refrescantes dosis de descaro al enfrentarse a tan complicada (mínima) extensión, y nos proporciona un buen puñado de agradables
sustos. 

En cualquier género, y quizá más acusadamente en el de terror, todo está inventado, y por ello no diremos que las sorpresas sean imprevisibles e impredecibles en todos los casos; sin embargo, igual que cuando escuchamos una leyenda urbana de corte macabro que hemos oído mil veces con anterioridad –la de la pareja de novios adolescentes que oyen un chirrido metálico en la capota del coche al mismo tiempo que escuchan la noticia sobre el loco asesino fugado del manicomio, la de la niña que asoma el brazo desde debajo de las sábanas para que su (supuesto) perro le lama la mano para reconfortarla –, cada reencuentro con esa situación, esos miedos, esos desenlaces que ya sabemos, nos proporciona el mismo escalofrío, mezcla de  horror y de alivio, que los amantes del género de terror tan bien conocen. Diego Palacios repasa y revisita en sus Microterrores los miedos clásicos, contextualizándolos en la época actual –con presencia de series televisivas de moda, artefactos tecnológicos novedosos, solitarias vidas urbanas, relaciones asépticas y muy civilizadas…– así como en escenarios y ambientes recurrentes y siempre eficaces: la casa misteriosa, el bosque, la noche, la soledad, lo inexplicable. Lo exclusivamente presente y lo inevitablemente eterno se unen para dar cobijo a lo atávico, combinando terrores de siempre y terrores disfrazados de contemporaneidad, perfectamente situados en un mundo y en un tiempo que parece haber desterrado lo sobrenatural y lo terrorífico, incluso desdeñándolos. Si se adereza todo ello con un negrísimo sentido del humor hijo de la irreverencia y del desparpajo, el resultado será Microterrores, una lectura atrevida y original para un habitante de un mundo que vive deprisa y que prefiere sus narraciones en forma de episodios, como ráfagas de estímulos, en este caso, escalofriantes.

25 enero 2018

Experimental film





Que una editorial se bautice como La biblioteca de Carfax ya es un puntazo a su favor y toda una declaración de intenciones. (Por si alguien no lo sabe, –¡ cosa que vergüenza me daría–, la abadía de Carfax es el lugar en el que Drácula se establece en Londres, al lado del manicomio en el que Renfield lleva una dieta sana y peculiar a la espera de poder servir al amo). Queda claro entonces que esta editorial, de reciente creación pero que avanza con paso firme y cuenta ya con siete títulos, se va a dedicar al género del terror (o, más que al género del terror, a la emoción del terror, como dicen en su web).

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