11 mayo 2017

Vamos, vamos...


Los peligros de fumar en la cama



Ya me tocaba leer otro libro de relatos de terror. De esos relatos a los que me acerco con precaución, no porque tenga miedo de lo que me vayan a contar, sino por hacerme ilusiones de pasar miedo y que al final se quede en eso, en mera ilusión. Eso siempre es lo peor. El “autohype” (palabra que no sé si existe pero me la quedo igualmente) es aún peor que el hype porque no puedes echar la culpa a nadie más que a ti, a ti y a ti.

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10 mayo 2017

Los ritos del agua



Cuando acabé de leer El silencio de la ciudad blanca no tenía ni idea de que me encontraba ante el primer tomo de una trilogía. No lo indicaba en la portada ni se hacía mención de ello en ninguna otra parte, y tampoco el final del libro era de esos finales abiertos que te hacen desear con todas tus fuerzas una continuación para saber cómo demonios iban a vivir sus vidas los personajes sin contártelo a ti. Lo leí, me gustó mucho y pensé que ahí acababa todo. Así que cuando hace poco, mientras consultaba Twitter en el baño, veo en 140 caracteres a un fulano afortunado sujetando en la mano un ejemplar de Los ritos del agua y reconozco el nombre de la autora y encima de esta el subtítulo “TRILOGÍA DE LA CIUDAD BLANCA 2” anunciando la salida en librerías el día siguiente, hice lo único que pude hacer: quedarme con el culo torcido (twisted ass).

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07 mayo 2017

Año 1000: La sangre







Nunca he empezado hablando de un libro describiendo su exterior, pero siempre hay una primera vez y, a pesar de ese dicho de “nunca juzgues un libro por su portada”, este cómic bien lo merece. Y es que me llevé una grata sorpresa cuando lo recibí. Además de una portada chulísima, tiene el lomo y una pequeña parte del frontal y de la trasera de piel (o imitación, no lo sé) y también la típica cinta de tela cosida al libro para servir de punto de lectura. Un lujazo de edición, que se confirma con la calidad del papel y la pulcritud de un dibujo elegante y teñido de un cromatismo austero (blanco, negro y un ocre dorado) que nos ayuda a situarnos temporalmente para recordarnos lo antigua que es esta leyenda.

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29 abril 2017

Orfancia





De pequeño comía de todo. Si algo no me gustaba me obligaban a quedarme en la mesa hasta que no quedara nada y, si tiempo después, el plato seguía ahí, la comida se convertía en la cena. Y así siempre que hubiera algo que no me gustaba y me resistía a dejar que penetrara en mi interior. Afortunadamente, eso ocurría pocas veces porque, como digo, comía de todo y, lo que en un principio “se me hacía bola” (recuerdo lo mucho que odié las espinacas), acababa por comerlo. 

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26 abril 2017

El amor te hará inmortal








Morir no es lo peor que le puede pasar a una persona. En ocasiones, por duro que sea, es lo mejor. Si no hay vuelta atrás, si se sufre un infierno de dolor, morir es una liberación. Y muchas veces, sino siempre, lo pasan peor los que se quedan cuando esa persona se va. Son ellos los que van a continuar sufriendo, de otra forma, pero sufriendo en definitiva.

Aunque peor aún es morir más de una vez. Y no hablo de vampiros precisamente. Dice Ramón Gener: 

“Mi padre murió dos veces. La primera, una mañana soleada en la que el Alzheimer nubló su mente y me olvidó. La segunda, tres días antes de Navidad, cuando, convertido en el Bolero de Ravel, dejó de respirar”.

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14 abril 2017

Demonios del norte. Las expediciones vikingas





Desde pequeño me gusta Thor. Y no sé por qué razón, pues hasta que no fui mucho más mayor (pero mucho mucho más) no leí ningún cómic, ni dibujos animados ni nada del icónico personaje de Marvel. Ni siquiera veía la serie de Vicky, el vikingo. Puede que viera alguna figura del dios del martillo, de esas de antes, de las de plástico oloroso, no las “action figure”, articuladas de ahora, que son otro mundo aparte. Lo cierto es que en la universidad, cuando Internet comenzaba a rular y el correo electrónico era aún desconocido, mi primera cuenta de correo era “martillodethor-arroba-la-plataforma-que-fuera-en-aquel-momento”, y seguía sin haber leído nada del hijo de Odín. No sé. Thor se metió en mi cabeza no sé cómo y ahí sigue todavía, pero ahora sigue porque soy yo quien lo quiere conscientemente ahí dentro.

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