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13 julio 2023

Cuando ya no sea yo

 

Conocí (televisívamente, claro) a Carme Elias cuando yo era un chaval de unos diez años, en la estupenda serie Turno de oficio. Ahí fue también donde apareció por primera vez Juan Echanove con su pedete lúcido, pero no estamos aquí para hablar de Echanove, sino de Elias. A mis nueve o diez años me pareció una mujer guapísima, con clase y muy elegante, y eso que yo no tenía ni zorra de esas cosas como las tengo ahora… No recuerdo gran cosa de la serie, la verdad, solo que me entretenía y me gustaba, y después de tantos años eso tiene que significar algo.

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17 marzo 2022

Obras completas (y otros cuentos)


 Acabo de acabar de leer las obras completas de Monterroso. Sí. Así es. ¿A que suena muy bien? ¿A que me da así como mogollón de relumbrón y un aire intelectual? Las obras completas ni más ni menos. Ahí es nada, eh. Lo sé, lo sé, cuando lo he dicho por la calle la gente me miraba y murmuraba palabras de admiración y elogios. También había quien no abría la boca y me miraba con cierta envidia e incluso algunos escupían a mi paso, pero estos desagradecidos eran los menos y se han ido a casa calientes.

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20 junio 2020

TVBoy, la calle es mi museo








No conocía a TVBoy pero tras la lectura de este libro ya he puesto remedio a tamaña afrenta y he hecho a mis ojeadores que le sigan por Instagram. ¿Ni siquiera había visto alguna de sus obras así, de refilón, sin quererlo, en alguna búsqueda por Google que no tuviera nada que ver con lo que estuviera buscando? Pues no. No le conocía y he llegado a plantearme el porqué. Y creo que sé cuál es la respuesta: en el mundo hay casi la misma proporción de gente como de artistas y es imposible conocer a todos; casi cada persona alberga en su interior un genio. Esa es mi conclusión. Soy brillante, lo sé.


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12 junio 2019

Mujeres de Salem



No sé cuántos cómics, libros o películas habré leído o visto ya sobre el tema de la brujería, y en concreto del caso de Salem, pero es algo de lo que no me aburro. Como decía el Capitán América, “podría estar todo el día así”. Aunque sé el origen, el desarrollo, el final… todo, no me canso de ello. Bien sea por ver si el autor va a enfocarlo por el lado más humano y ruin de la historia, bien por si se decanta por lo demoníaco, o bien si opta por una mezcla, el caso es que es un puto imán para mí, y creo que en gran parte lo es  porque la intolerancia y el fanatismo religioso me ponen de muy mala hostia. A ver si no se va a poder hacer una fogata y bailar con un macho cabrío en un descampado cuando a uno le plazca. ¡Faltaría más! Pues eso, que lo de Salem es un imán y como buen trozo de hierro, acudo presto al encuentro.

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20 diciembre 2017

Ya a la venta, Microterrores


Y la sinopsis que me han hecho no está nada mal. Leed, leed:

Microterrores es una colección de pequeños grandes sustos, una sucesión de escalofríos y de episodios macabros contados como si fueran chistes. O quizá incluso lo sean, ya que los extremos se tocan y ¿acaso hay humor tan eficaz como el humor negro, negrísimo? Muertos vivientes, vivos murientes, visiones de un realismo inquietante, relaciones que viran de lo romántico a lo siniestro, criaturas de ultratumba… de todo eso hay en Microterrores, y también, como en toda buena historia de miedo, hay un comentario ferozmente crítico de nuestra sociedad, de la cada vez más extendida soledad que crea o encubre monstruos, de la tecnología que oculta secretos turbadores, de la creciente deshumanización de la civilización mejor informada y más cultivada de la Historia… Con Microterrores, Diego Palacios Marxuach se revela como un cronista certero de los miedos más atávicos así como los de nuevo cuño, y demuestra que se defiende tan bien en las distancias cortas como en las largas, como ya demostró con su novela “Valeria”.

Y aquí podéis comprarlo: Microterrores

27 agosto 2016

Génesis



Tengo una deuda pendiente con este libro. Desde hace un año. Algo más de un año ya desde que me lo regaló mi hermano, y el mismo tiempo sin atreverme a hablar de él. Un libro enorme, tanto por peso (unos 4 kg), como por dimensiones (25 cm. x 36 cm.) y número de páginas (517, algunas de ellas desplegables). Lo que se dice un señor tocho. Y además, en una impresión fotográfica muy cuidada, como todo lo que hace Taschen, (I´m in love with Taschen).


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09 mayo 2016

Sarna con gusto



El año pasado tuve la enorme suerte de descubrir, con tardanza, es verdad, a un autor al que ya no voy a poder dejar de seguir y admirar, al menos en el terreno de la novela negra.
Su trilogía Versos, canciones y trocitos de carne, (tres tochazos, por cierto, como tres bibliacas) los fui ventilando uno tras otro sin descanso. Memento mori, el primero, la sorpresa, bautismo y comunión. Dies irae, la confirmación y Consummatum est, la comunión y matrimonio del lector (en particular de este que escribe) con el autor.
Esa fue la progresión sacramental, o vía crucis, de la religión que Gellida instauró con los amantes del género. Desde entonces miles de fieles son (somos)  los que esperaban una segunda venida…


Y no sé qué motivo, al enterarme por twitter hace meses de la salida de Sarna con gusto, me llevó a pensar que iba a ser un libro distinto. Más finito y que contaría algún caso de Ramiro Sancho anterior a aquel por el que se dio a conocer. Una lectura independiente. Ojo, que me hubiera dado igual que así hubiera sido, que reencontrarte con Ramiro Sancho y sus refranes cínicos y agridulces ya es suficiente motivo de alegría, pero habría sido como hacer un kit kat en un momento en el que lo que apetecía era más caña,  más madera.

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19 octubre 2014

Elizabeth ha desaparecido





“Elizabeth ha desparecido” no solo es el título de este libro. Es también el mantra que Maud se repite a sí misma, la frase que apunta en papelitos que va dejando por su casa (y en otros que también mete en su bolso y caen de él cuando rebusca en su interior), pero  que no recuerda haber escrito a pesar de reconocer su letra. En el bolso también tiene papeles con recetas, listas de la compra y demás… y la casa la tiene plagada de notas del tipo “nada de cocinar”, “ni siquiera huevos”, “no comprar más latas de melocotón”… Su vida es el post it del post it del post it…

“¿Cómo resuelves un misterio cuando no recuerdas las pistas?” es la frase que aparece en portada, la que te vende el libro, te inyecta el gusanillo de la intriga y también, junto a la foto de una silla vacía mirando a una ventana abierta, te aclara algo por donde pueden ir los tiros de esta novela. Y es que…¿cómo no va a querer leer una novela así un aficionado a la novela negra? ¡De cabeza!

A decir verdad la ¿desaparición? de Elizabeth no será el único misterio que Maud, de ochenta y dos años (no setenta como figura en la contraportada) tendrá que desvelar ya que a medida que vamos avanzando en la lectura somos testigos de cómo su alzheimer hace lo propio.

Olvidarse de que acabas de desayunar y volver a hacerte unas tostadas y un té, no poder seguir una conversación porque olvidas de que estabas hablando, tener la sensación de que tienes recordar algo sumamente importante y no poder hacerlo, caminar por la calle sin saber cómo has llegado hasta ahí, olvidar los nombres de las cosas… Para ella todo son, poco a poco, más y más misterios. Como para ponerse a hacer de detective…Son tantas y tantas las escenas cotidianas en las que usamos la memoria sin darnos cuenta y que nos parecen tan normales. Si a todo esto le sumamos que a Maud el tema de Elizabeth le obsesiona y que hay detalles que la retrotraen a setenta años atrás, en el Londres de después de la Segunda Guerra Mundial –cuando tiene lugar otra desaparición en su vida, la de su hermana– y que a veces confunde pasado y presente, tenemos un cacao impresionante en la cabeza de la pobre Maud.

Reseña completa aquí.


11 noviembre 2013

Realidad a la piedra







¡Hola! ¿Cómo estáis, muchachada?

Hoy vengo a hablaros de algo importante. Más aún: ¡vital! Algo que siempre, o casi siempre, pasa desapercibido ante nuestras narices y de lo que, sin embargo, no somos conscientes… Las piedras, esas grandes, y pequeñas, y medianas, desconocidas.

Sí. Tal vez sólo reparamos en ellas cuando vamos a una playa… de piedras, o cuando se nos mete una china en un zapato, cuando las tiramos contra nuestro propio tejado o cuando las usamos para decorar o incluso construir algo. Pero las piedras son más, mucho más. Tienen sentimientos, vida, emociones, pensamientos filosóficos, adicciones, romances y hasta hipotecas… Y han estado con el hombre, desde el principio de todo, allá por Stonehenge… o antes…

Eso es lo que Joaquín Reyes nos cuenta en clave de humor en Realidad a la piedra. Porque aquí Reyes se erige en un trasunto de Félix Rodríguez de la Fuente algo peculiar. En lugar de con videos, como hacía el naturalista, Reyes se encarga de abrirnos los ojos, de adoctrinarnos sobre las realidades líticas a base de viñetas, de humor gráfico, como resultado de horas y horas de observación minuciosa, casi enfermiza, de estos seres siempre tratados con desprecio, colocando cámaras en ángulos y posiciones inimaginables. (Si las piedras pudieran –y tras la lectura dudo que no puedan- le denunciarían por violar su intimidad).

La constancia y dedicación del cómico es digna de alabanza y elogio e incluso de un premio a la labor investigadora. ¿O es que alguien alguna vez había imaginado a una piedra ser capaz de contar un chiste entre sus amigos piedra? ¿O de hacer el mal a sabiendas? ¿O acaso sabemos a quiénes idolatran, a quiénes envidian, qué ambicionan?  Pues he aquí, que no solo lo podemos imaginar, sino que tenemos el testimonio gráfico que lo prueba.
 
La reseña completa, aquí.
 

20 agosto 2013

¡Odio el gym!



¡Odio el gym! Así, entre signos de admiración, grito al viento con enfado…
En realidad, no lo odio (creo). Voy cada vez con menos ganas, me cuesta más, soy perezoso… Lejos están los primeros días en los que era una actividad nueva y acudía con la mochila con una sonrisa en la boca dispuesto a sudar la gota gorda para esculpir el cuerpazo… que aún no tengo.
Cuatro años después, la rutina se ríe de mí. Ni siquiera los cambios del repertorio musical, que de vez en cuando hago en mi reproductor de mp3 para luchar contra la también rutinaria y machacona música de los 40 que atruena el gimnasio, pueden con ella.
Pero sigo yendo. Soy más fuerte que todo eso… Eso y que además tengo un año más pagado y no lo voy a desperdiciar…

¡Odio el gym! es ideal para cuidarse, para hacer ejercicio sin tener que acudir a gimnasios ni tener que comprar mancuernas, esterillas y otras zarandajas con las que entrenarse en la propia casa y dejarse los cuartos en tiendas de deporte.

La reseña completa en LyL.

05 agosto 2012

Mi hijo era de ETA




























MI HIJO ERA DE ETA
Jose Ramon Goñi Tirapu

Editorial Espasa
Ensayo biográfico-político y social, drama familiar, conflicto vasco,
197 Páginas


Recuerdo que oí en un programa de radio que cuando allá por 1992 se estrenó Reservoir Dogs (Tarantino), Wes Craven (el director de Pesadilla en Elm Street entre otras) abandonó la proyección en la famosa escena de la oreja. Él aducía que Freddy Krueger era un personaje inventado y que lo que acababa de ver en la pantalla recreaba una escena real. Recuerdo que yo pensé “menudo g… Lo de Tarantino sigue siendo ficción”. (Que conste que, a pesar de lo que viene a continuación sigo pensando exactamente lo mismo. La ficción es ficción sea más o menos creíble).


No creo que me equivoque si afirmo que Mi hijo era de ETA es el libro de no ficción más duro que he leído en bastante tiempo. Y no porque haya destripamientos, amputaciones y escenas gore, que no los hay, sino porque es algo real que tiene detrás muchos muertos, heridos y familias destrozadas, que día tras día eran portada de periódicos y sobremesas del telediario. Es muy duro tanto por la realidad y trasfondo social de lo que cuenta, como por el lado emocional, que atenta directamente a la patata.


“No puedo llorar por la muerte de un hijo, porque está vivo, aunque en es momento sienta que algo de él ha muerto para mí; no puedo liberarle de un secuestro porque no está secuestrado, se ha ido voluntariamente, y no puedo tampoco sentir compasión de él, porque presumo que es un terrorista. Sin embargo, es mi hijo, el hijo al que he visto nacer y crecer, el mismo por el que daría la vida. Es un dolor imposible de aliviar con el llanto…


La reseña completa en Libros y Literatura


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