16 octubre 2013

The Pro





El perfil del superhéroe — me acabo de enterar de que legalmente solo los personajes de DC o de Marvel, pueden llamarse superhéroes al ser esta denominación una marca registrada en EE.UU., y por eso otras editoriales usan términos como “metahumanos” o “mutantes”— ha evolucionado bastante desde su aparición. Empezaron siendo personajes masculinos y más tarde incluyeron la figura de la mujer. En ambos géneros eran encarnados por personas más o menos “decentes”, por llamarlo de alguna manera. O políticamente correctos, si se prefiere. Es igual. De lo que estoy seguro es de que ni Stan Lee, ni Bob Kane, ni Jerry Siegel, ni el burro en bicicleta que pasa por mi ventana imaginaban que algún día una puta fuera una superheroína.

Porque de eso va The Pro, —abreviatura de profesional. Madre soltera, fumadora y puta de profesión a la que un buen día el Observador (parodia de El Vigilante) decide otorgarle poderes.

Así de brutal comienza este cómic. ¿Así de brutal? No. Mucho más. En realidad, es algo aún más bestia…con nuestra pro-ta haciendo una felación…
¿Nada mal para empezar y romper los tópicos del género, eh? Pues es solo el principio. Añadámosle un cuidado lenguaje malsonante, alguna que otra teta de vez en cuando, más tacos, violencia muy muy muy exagerada, sangrienta y explícita… e incluso una lluvia dorada… Sí. Yo creo que, como cómic transgresor de superhéroes, es bastante… transgresor.

La reseña completa, aquí.

10 octubre 2013

Ortografía escolar de la lengua española




Siempre me gustó la asignatura de lengua. Recuerdo que en mis tiempos —y cuidado, que no soy tan viejo—, cuando teníamos la EGB y no ESO que tenemos ahora, hacíamos dictados. No sé si se seguirán haciendo, pero era una práctica muy educativa. El profesor o profesora cogía un libro de los suyos, de esos que indicaban “Libro del profesor” y leía lentamente las frases, repitiéndolas dos o tres veces y señalando únicamente las comas, puntos y aparte, puntos y seguido y puntos suspensivos. Me encantaban los dictados. La ortografía ha sido uno de mis puntos fuertes y eran poquísimas las faltas que cometía ya desde pequeño. Otra cosa eran (y son) las tildes. Mi bestia negra. Mi asignatura pendiente. No hay problema con las agudas, llanas, esdrújulas, sobresdrújulas y monosílabos, pero los diptongos, triptongos, hiatos… me pueden.

Por eso, cuando me ofrecieron la posibilidad de hacerme con la Ortografía escolar de la lengua española, no lo dudé. Siempre se puede aprender algo. Siempre. O despejar alguna duda o fortalecer algo ya aprendido o incluso poner a parir a los académicos con las nuevas reglas…

Reseña completa, aquí.

29 septiembre 2013

Maridarioja



Aprovecho este espacio, que para eso es mío —aunque cada vez esté más desatendido—, para promocionar la plataforma empresarial en la que se ha embarcado una pareja de amigos:

Se trata de Maridarioja.
La página está todavía en construcción (pero puede visitarse su blog y su página de facebook hasta que esté finalmente acabada, cosa inminente).

¿Y de qué va Maridarioja?
En Maridarioja se muestra y difunde la gastronomíarRiojana, sobre todo a los productores artesanos que nos recuerden de dónde venimos y el arraigo a nuestra tierra. 
 
 
 
Quiere difundir el buen hacer de los productores riojanos y mostrar su gastronomía. Promover y apoyar lo artesano y todo lo que nos recuerde a nuestras tierras.

Maridarioja es una web de difusión y venta de productos en maridaje (tradicionalmente relación de armonía entre el vino y los alimentos que lo acompañan, Maridarioja extiende el maridaje a la mezcla de todos los productos, no exclusivamente con vino), haciendo partícipe al consumidor de cada uno de los procesos de elaboración.




 

25 septiembre 2013

Pandora en el Congo

De no ser porque una amiga me lo regaló, ni de coña hubiera leído nunca este libro. Un libro de aventuras en África, con porteadores negros cargados hasta límites sobrehumanos y tratados como esclavos a las órdenes de dos blanquitos en busca de fortuna en plena caída del colonialismo. Pfff… Simplemente imaginarlo me aburría. Muy visto, muy clásico, muy… de todo. Sólo me producía una cosa: pereza. Bueno, no; dos cosas: pereza y rechazo. Ya había demasiados libros y películas en toda la historia de la humanidad que se habían ocupado de lo mismo. Pasaba. A por otro, pensaba entonces.

Además, por la época en la que salió Pandora en el Congo, el 2005, tenía fresco el recuerdo del anterior libro del autor, La piel fría. (Algo curioso, porque mira si tengo mala memoria que cuando leo un libro suelo olvidarme de él en un plazo (asquerosamente) breve de tiempo, pero con La piel fría todavía hoy retengo algún que otro retazo y no puedo sino catalogar ese libro como bizarro). Recuerdo unos bichos, como lagartos y el protagonista enrollándose con una de las hembras… ¿Zoofilia? Posiblemente. Sí. Casi seguro que sí.
En fin, que mi memoria es, parafraseando el libro que nos ocupa, como una mujer eternamente preñada: siempre tiene caprichos.

Con todo este preámbulo que (hábilmente) estoy deslizando en la reseña como quien no quiere la cosa, no quiero decir que La piel fría no me gustara tanto como para no leer Pandora en el Congo, sino que el tema de Pandora unido al desagradable recuerdo de algún punto de La piel fría no propiciaba precisamente que el primero figurara en mi lista de libros a leer en… esta vida.

La reseña completa, aquí.


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