El misterio del cuarto
amarillo, El misterioso caso de
Styles, Los crímenes de la calle
Morgue, o incluso cómic de Tintín El
cetro de Ottokar, por citar solo unos pocos títulos de entre los cientos de
ellos que podrían enumerarse, son ejemplos de una variante específica dentro
del género policiaco: el del misterio del cuarto cerrado. Un misterio,
normalmente un asesinato, pero también puede darse el robo o una desaparición,
en el que se añade la dificultad de que el crimen ocurre en una habitación en
la que es, aparentemente, imposible que suceda y salir sin ser pillado con las
manos en la masa. Ahí está el encanto de este subgénero: en descubrir antes que
el inspector, detective o a quien el autor asigne la tarea, quién, y sobre todo
cómo, se mató (se robó, o se cometió el delito que sea) y cómo el perpetrador se
evaporó en el aire.
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